Página 284 - VIDA SIMBOLICA

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extender su virulencia a los otros que no son, masificando sus fechorías, que bien
podrían tildarse de hazañas, no importa el criterio que las juzgue, hagan lo que
hagan, los pocos pervierten a la mayoría, haciendo que deje de ser como es (p.
25).
Así si uno siembra pánico o desata el crimen figurado o real de alguien
más, esto se escala en medio de una crisis hasta borrar diferencias, todos harían
lo mismo, sea por defensa, imitación o algo similar.
Cuando una organización se cuestiona desde sus cimientos la mecánica de
la acusación, comienza a operar para Girard el terror, mismo que acontece como
confusión universal del viejo orden a punto de cambiar, a veces cataclismos así se
detonan con un despido o la fusión empresarial, todos llenos de incertidumbre
liberan el poder de la multitud, donde cada uno deja de ser quien es, se des-
diferencia del resto, para acaecer como turba, el gang de acoso.
A partir de esto sentencia Girard que la sumatoria que se materializa en la
multitud tiende a la persecución naturalmente de lo que la turba, per-turba,
volviéndose turba, hambrienta de violencia, una multitud cuyos miembros son
perseguidores latentes, deseosos de extirpar lo extraño, lo diferente, no
importando si se trata del éxito, siempre que se vista del otro que no son, que los
intoxica y corrompe con el virus de lo diferente, de los traidores que lejos de
asimilarse se empeñan en diferir, aunque eso sea sobre-salir del resto, alta
traición para la mediocridad de los mismos.