Página 292 - VIDA SIMBOLICA

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la identidad robada, ciertamente, el ser substituido tiene sólo caso cuando se
purga el sacrificio o deuda que es de cada cual, en ese sentido, ha de explorarse
si sacrificar a otro necesariamente exige que el otro sea un verdadero substituto
del culpable, un no-diferenciado.
En el capítulo VI de
La Violencia y lo Sagrado
, Girard (2012) plantea que si
la cultura habíase edificado por obra de una violencia colectiva instauradora, tarde
o temprano la violencia recíproca, entre los otros, destruiría lo que consiguió y
hasta había consolidado, en la crisis sacrificial sostiene Girad el deseo no parece
tener otro objeto o desembocadura que la violencia, se mezcla y confunde con
ésta, lo que abre la puerta a algo como un instinto de violencia, o mejor dicho, la
violencia como inmanente a lo humano pero oculta, o escondida en las
apariencias de no barbarie del hombre, algo que lo gobierna, y que otros
equipararían a un Dios o un destino que los rebasa.
No es coincidencia que deseamos lo que otro desea, lo hacemos como
rivalidad que emerge justo porque el otro lo desea, que al ser el objeto en
discordia se vuelve por definición deseable, engendrador de diferencia y
contienda.
El deseo es mimético, se funda en un deseo modelo, no se desea cualquier
cosa sólo lo deseado ya, cuando los deseos convergen en el mismo objeto se
obstaculizan y deviene conflicto, todo por ese llamado primordial a imitar al otro en
su deseo, algo inconsciente, o no, le grita imítalo, pero es reconocer una falta, algo
de que su ser carece y el del otro no, eso lo detiene por un lado a dirimir si imita o