Página 294 - VIDA SIMBOLICA

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Como dice Girard no hay monstruo que no trate desdoblarse para exhibir lo
que lo define, ni doble que no esconda una monstruosidad, al ser dos, ni el
originario ni el copiado, en el doble las diferencias no quedan abolidas sino
confundidas, los dobles son intercambiables, sin que su identidad individual sea
reconocida, como si diera igual que fuera cualquiera del ejército infinito de
duplicados, es el equívoco término medio de identidad y diferencia, que hace
posible la substitución sacrificial, como en el Cristianismo cuando Cristo muere por
los demás para que nadie más muera.
Por ello Girard asevera que el doble monstruoso permite a los antagonistas
que no pueden verificar que nada los separa, que se indiferencian en lo deseado,
reconciliarse, y de esto definir girardianamente al doble monstruoso
circunscribiéndolo, señalando que bajo tal apelativo se alinean todos los
fenómenos de alucinación provocados por la reciprocidad ignorada, cuando ya no
se ve al otro como un otro que desea lo que deseo, es la evolución de las etapas
anteriores de lo mimético donde estaban el yo y lo otro, así como el no yo y el otro
yo.
Desde luego son transgresores los comentarios marginales vertidos que
desata el propio Girad sobre el doble monstruoso llevados a la demarcación de la
experiencia religiosa, y más allá a la posesión como tal, con lo perturbador que
pudiera verse en una asociación así, de cualquier modo esta disquisición sobre el
doble es a no dudarlo una de las más lúcidas como llenas de perplejidad de esta
obra de Girard, inequívocamente fundamental y fundadora de su propuesta
mimética como tal.