Por otra parte, a veces se quieren heredar diferencias o asumirlas sin
contexto, cayendo en horrores como prejuiciar hablando de los prejuicios de otros
pero no de los propios, que es en sí mismo un prejuicio, hasta qué punto es
igualmente persecutorio luchar contra la persecución persiguiendo a los
perseguidores.
Girard considera que la violencia colectiva, de multitudes, constituye por sí
misma un esquema transcultural, pero el que exista es una cosa, y de ahí de que
explique cualquier acontecimiento violento es otra, poniendo así límites claro a su
propuesta del chivo expiatorio como tal.
Téngase presente que en la figura del acosado, existe la reminiscencia
palmaria al chivo expiatorio, principalmente, al hablar de una fenomenología del
mobbing, en tanto substituto que desahogue la violencia colectiva en el decurso de
una crisis organizacional, sea un
resizing
, una fusión, un estancamiento o una
quiebra, considérese lo que dice Girard (2012) al respecto en el capítulo I de
La
violencia y lo sagrado
, al hablar sobre el sacrificio:
Como lo sugieren muchos indicios, esta aptitud para proveerse de
objetos de recambio no está así reservada a la violencia humana.
Lorenz, en
La agresión
(Siglo XXI, 1968) habla de un determinado
tipo de pez al que no se puede privar de sus adversarios habituales,
sus congéneres machos, con los cuales se disputa el control de un
cierto territorio, sin que dirija sus tendencias agresivas contra su
propia familia y acabe por destruirla (p. 10).