grupos cuyas preferencias, información, intereses y conocimientos son diferentes”.
(March y Simon 1993:2 en Czarniawska, 2008)
Provocando una amplitud de conceptualizaciones que si bien han sido validados a
través del tiempo, sin embargo, en muchos se desconoce si son realmente
aplicables a la realidad organizacional y si permiten su comprensión para
explicarlos, creando mecanismos de legitimación.
La cultura es la forma en que se concreta la vida institucional, de ahí que se
presente el desafío metodológico y conceptual de explicar hechos sociales que
son producto de una multivariada determinación: una la que es producto de los
individuos y su contexto interno, y otra, la que se origina en las organizaciones de
acuerdo a sus características particulares e historia en la interacción de sus
distintas manifestaciones simbólicas con los individuos en una dualidad
tensionada y compleja (Gergen y Tojo, 1996).
Para los individuos que conforman a las organizaciones, la cultura es la única
salida que encuentran para poder convivir e interactuar como individuos y
metafóricamente ésta se convierte en una relación de constante intercambio
cultural en una búsqueda de integración social, que es relacionada con el instinto
de sobrevivencia o de vida (Eros) y a través de la cual la organización se convierte
metafóricamente en la madre nutricia que enseña (madre-escuela) y a la vez es
castigadora y controladora de conductas, donde la madre representa una
ambivalencia simbólica representada por el pecho (bueno-idealizado) y el pecho
(malo-perseguido) (Freud, 1929; Klein, 1974). Por lo que se hace necesario