reconocer e identificar estas contradicciones y significados compartidos, para
facilitar su comprensión e interpretación.
La cultura es un elemento que forma parte del individuo, lo completa, lo determina
mediante grados de detalles y variación, los hace similar y al mismo tiempo lo
diferencia respecto de los demás individuos, creando individuos únicos y variados.
(Hoftede, 1989). Es entonces, en este sentido según Hoftede, una programación
mental colectiva, a menudo es difícil de cambiar, y si cambia en absoluto, lo hace
lentamente. Esto es así no sólo porque existe en las mentes de las personas, sino
que es compartida en un espacio de convergencia, porque se ha cristalizado en
las instituciones que estas personas han construido juntos: sus estructuras
familiares, las estructuras educativas, organizaciones religiosas, las asociaciones,
formas de gobierno, las organizaciones de trabajo, derecho, literatura, los patrones
de asentamiento, los edificios e incluso, las teorías científicas. Todos estos
reflejan las creencias comunes que se derivan de la cultura común.
“Por lo general
se entiende que las organizaciones formales son sistemas de actividades
controladas y coordinadas que surgen cuando el trabajo es incorporado en redes
complejas de relaciones técnicas e intercambios que traspasan fronteras en un
espacio permanente para negociar; y de las tales negociaciones depende que la
organización subsista”
(Meyer y Rowan, 1999: 79 y Elniore en Monier, 1995:106).
De esta forma se pude decir que las organizaciones se encuentran caracterizadas
por ser un espacio de transferencia “inducida” de formas subjetivas de control
(valores, ideología, mitos) representadas por afectos, emociones, actitudes y
comportamientos que son modificados sutilmente a través de un sistema