institucional para el logro de objetivos, fines y procedimientos organizacionales en
pro de su sobrevivencia (Meyer y Rowan, 1999).
Las organizaciones en México poseen una marcada tendencia a organizarse de
manera burocrática, por lo que la estructura y legitimación de la autoridad cobra un
papel sumamente relevante en la conformación y reconocimiento del poder.
Para Ouchi (1979), una de las formas de control organizacional más sutil y
profunda es el Clan, donde sus miembros han llegado a niveles de negociación,
acuerdos y compromisos donde los comportamientos son normados dentro de los
estándares que el Clan determinó como “aceptable” y que están representados
por valores y creencias y en donde las tradiciones juegan un papel preponderante
en el tejido social del mismo. Esta fuerza “invisible” que controla comportamientos
de manera tan sutil a partir de “reglas no escritas” muchas veces producto del
discurso organizacional (institucionalizado) es una muestra de cómo los individuos
se resocializan en la búsqueda de una interpretación coherente y compartida de la
ambigüedad presente en una dimensión simbólica creadora de héroes, mitos,
rituales y valores institucionalizados.
“Las manifestaciones de los elementos de la
cultura los encontramos en todas partes, como señala Durham (1984):
Verbalizada en el discurso, cristalizada en el mito, en el rito y en el dogma;
incorporada a los artefactos, a los gestos y a la postura corporal…”
(Vargas
Hernández, 2007)
Schein (1984) Define a la cultura organizacional como un patrón de supuestos
básicos que un determinado grupo ha inventado, descubierto o desarrollado en el