que aquí se retoma para referirse a un encuentro articulado de perspectivas entre
los autores que abordan el duelo, antes que a una teoría unificadora.
El reconocimiento de los consensos y el respeto de los disensos entre los autores
que integran los estudios del duelo, permite establecer en el presente texto que el
duelo como categoría es la expresión de dolor frente a la pérdida de un ser
querido. El duelo parte de tres elementos integrativos: la persona que se ha
perdido, el vínculo afectivo positivo que se ha fracturado, y la manifestación de
dolor suscitada por la pérdida.
La persona que se ha perdido es aquélla que Freud reconoce como objeto
libidinal, que Bowlby denomina figura de apego y que para Kübler-Ross es el
pariente o familiar. En el presente texto, la persona perdida es reconocida en la
figura del ser querido: el ser querido es quien atrajo la atención de la libido –una
libido en tanto fuerza en que se manifiesta el instinto sexual, o una libido
sublimada, misma que mantiene su intensidad sin el aspecto sexual–, quien ha
proveído la base segura para el desarrollo de las personas a quienes protege, y
quien fue integrante de una agrupación que se entendía a sí misma como familia,
hacia quien se profesaba un amor incondicional.
El segundo elemento integrativo del duelo es el vínculo afectivo que se ha
fracturado. El vínculo afectivo alude a afectos positivos, y es factible reconocerlo
en la relación libidinal freudiana y en la conducta de apego bowlbyana. La relación