Página 90 - VIDA SIMBOLICA

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El cambio puede significar una pérdida para algunas personas en un contexto
organizacional. Si la persona perdida era un ser querido, es decir, era un objeto
libidinal sublimado en términos freudianos, una figura de apego bowlbyana o un
familiar desde un enfoque küblerrossiano, su pérdida conllevará un duelo que no
siempre es reconocido, pues los cambios del personal son considerados normales
ante la transitoriedad de las personas en el contexto organizacional –transitoriedad
que hace posible asimilar a las personas como desechables y, por ende,
incapaces de generar duelo alguno–. Aseverar que la pérdida de un ser querido en
un contexto organizacional suscita un duelo resulta difícil de entender, pues desde
una aproximación teórica propia de la Teoría de la Organización, existe una
incomprensión de la vida afectiva del ser humano, vida que, no obstante dicha
incomprensión, se desarrolla en el contexto organizacional. Desde un abordaje
convencional del estudio del comportamiento en las organizaciones, de acuerdo
con Montaño Hirose (2001), las emociones de las personas son ocultadas o
disfrazadas: de la vida afectiva de los seres humanos sólo es importante aquello
que redunde en la consecución de la eficiencia de la organización tradicional.
Empero, la vida afectiva en un contexto organizacional existe: una vida que
permite aprender el cambio como un evento susceptible de provocar dolor ante la
pérdida de un ser querido.
El vínculo afectivo positivo fracturado.
Las personas integrativas de un contexto organizacional generan vínculos
afectivos entre sí. Algunos de los lazos que se forjan son fuertes y durables, otros