tres redes: una red en la que se presenta el duelo –al entender el microcambio
como pérdida–; una red en la que se revela la fiesta –ajena al duelo festivo del
áfrica negra referido por Thomas–; y una red que alude a la indiferencia. Los
límites entre las tres redes son difusos, por lo que es factible, pese a ser
excluyentes, que una o más personas pertenezcan a una, dos o tres de dichas
redes al mismo tiempo, a partir de la centralidad ritual, la intensidad ritual, la
densidad social, la diversidad de conexiones, la repetitividad ritual y la
redundancia reticular.
Las personas en un contexto organizacional, además, no se mantienen en una
sola red: interactúan en diversas redes –relacionadas o no con el microcambio–
que, al unirse, generan una escena goffmaniana, una red de redes, una
“comunidad con un elevado nivel de efervescencia, y sostenido en el tiempo.”
(Collins, 2009, 335): la estructura social como proceso constante de estratificación
de individuos, estratificación que se realiza conforme a la energía emocional de las
personas. La red en la que se encuentra presente el duelo, así, puede tener un
gran alcance, y transformarse en la red de redes: una red que abarca al conjunto y
suprimen la fiesta y la indiferencia. Hertz y Thomas aluden a la existencia de un
duelo colectivo, es decir, un duelo presente en todo el contexto organizacional.
La muerte para Thomas y Hertz es una muerte que afecta al conjunto social, pues
es la muerte de un ser social, no sólo de un individuo. Para asegurar la
supervivencia del conjunto, las personas transitan un duelo que se manifiesta en