Página 94 - VIDA SIMBOLICA

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pautas de conducta –las prohibiciones thomasianas y el estado de turbación y
desgarro hertziano–, duelo que arriba en una forma de aceptación de la muerte
que les permite resguardar al conjunto social –el blanqueamiento thomasiano y la
recuperación hertziana–. El duelo es, entonces, un duelo colectivo: todas las
personas que conforman el conjunto social manifiestan un duelo ante la pérdida de
uno de sus integrantes pues deben asegurar la perennidad de dicho conjunto,
perennidad puesta en riesgo por la muerte del integrante como ser social.
El duelo colectivo que abarca al conjunto social en su totalidad –supresor de la
fiesta y la indiferencia– es, sin embargo, utópico: pertenece, como señalan Crozier
y Friedberg (1990), a una forma idealizada de modelar y entender, en este caso, el
microcambio y la pérdida. Se reconoce la existencia de duelos que abarcan a un
gran número de personas propias del contexto organizacional, duelos que por su
magnitud llevan a pensar la existencia de un duelo colectivo absoluto. El duelo de
gran magnitud –susceptible de presentarse con la pérdida de alguien carismático–,
empero, no abarca a la totalidad, pues el conjunto social –es decir, el conjunto de
personas que conforman el contexto organizacional– no es homogéneo.
¿Se requiere, entonces, conocer todas las redes que conforman un contexto
organizacional para poder aprehenderlo? Para Collins, el encuentro micro-
situacional –base de la teoría de rituales de interacción– condensa un flujo
acelerado de intercambios realizados de manera estructurada, condensación que
alude a una teoría meso: permite comprender la micro-situación hasta alcanzar la