Página 96 - VIDA SIMBOLICA

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Se parte entonces, de una red que contiene relaciones formales, es decir,
relaciones de supra-subordinación, entendidas como rituales de poder. La red
contiene como eje la figura del dirigente que ocupa el lugar de máxima autoridad
al interior de la organización ––es decir, del contexto organizacional–, a partir de la
cual se desprenden diversas relaciones formales. Establecer una red cuyo eje es
el dirigente, permite captar una relación de supra-subordinación subyacente: el
actor que a través de relaciones formales, redefine y reestructura
significativamente las relaciones y los actores. La red se basa, así, en las
relaciones formales, pero no se constriñe a ellas: pueden ser parte de la red
incluso personas que no forman parte de dichas relaciones formales o que no se
ajustan a las mismas –es decir, que no siguen las dimensiones de estatus, cadena
de mando y autoridad–. Se pretende ir más allá del juego como instrumento de
acción organizada planteado por Crozier y Friedber, donde lo importante, antes
que la estructura, son las fuentes de incertidumbre que puedan manejarse y que
permite a los actores obtener, mantener o aumentar el control sobre el juego,
control que les proporciona poder: se busca ir más allá del poder.
En palabras de Latour (2008): “no nos contentaremos con que el poder y la
dominación
mismos
sean el misterioso contenedor que guarda en su interior lo
que hace mover a los muchos participantes en la acción” (Latour, 2008, 122): al
poder, así como al vínculo social, hay que re-ensamblarlo –es decir, explicarlo– y
no darlo por sentado. Así, es necesario considerar que “no hay sociedad, dominio
de lo social ni vínculos sociales,
sino que sólo existen traducciones entre