incorporación de las competencias para los programas académicos de pregrado,
eso sí con una inclinación hacia las necesidades de la demanda laboral.
Esto implica que en la sociedad actual, como sociedad del conocimiento, se les
exija a los trabajadores que tengan una formación continua, donde el aprender a
aprender como competencia, le da la habilidad al individuo para iniciar y persistir
en el aprendizaje, gestionando el tiempo y la información de manera eficaz, ya sea
en grupos de trabajo o de forma individual.
Además de potenciar el autoaprendizaje, entendido como la habilidad para buscar,
asimilar y compartir nuevos conocimientos que potencien el desarrollo de la
persona y del profesional. Así, el desarrollo de habilidades adicionales y la
aprehensión de nuevo conocimiento para el trabajo, tiende a recaer sobre el
individuo.
Desde la perspectiva de las competencias laborales, se reconoce que las
cualidades de las personas para desempeñarse productivamente en una situación
de trabajo no solo dependen de las situaciones de aprendizaje escolar formal, sino
del aprendizaje derivado de la experiencia en situaciones concretas de trabajo.
Las normas de competencia se conciben como una expectativa de desempeño en
el lugar de trabajo, con la cual es posible comparar un comportamiento esperado
(Palmar y Valero, 2014).