Página 122 - APRENDIZAJE, CONOCIMIENTO

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incorporación de nuevos investigadores e investigadoras al sistema de educación
superior. La investigación formativa en la universidad es un territorio fértil para la
renovación de las prácticas pedagógicas centradas en el favorecimiento
institucional de los grupos e individuos emprendedores y en la apuesta por el
desarrollo de la investigación en el nivel de pregrado, con toda la prudencia de lo
que implica afirmar que es posible y necesario orientar la educación superior hacia
este propósito (Rojas, 2009).
En lo referente a la formación de jóvenes investigadores, Ovide (2000) expresa
que existen tres enfoques para dicha formación: a) Artesanal: aprendizaje que
realiza el discípulo al lado de su maestro, ejecutando paso a paso las tareas que
este le asigna, es un modelo tradicional, casi medieval en el que la mayoría de los
jóvenes investigadores siguen formándose, b) Autodidáctico: cuando aprende por
sí mismo, no tiene maestro, se basa en la autonomía con que aprende el oficio de
investigador, aunque dado el burocratismo y la formalidad de las instituciones,
este modelo se vuelve perverso, ya que aunque los resultados sean buenos
suelen ser descalificados si no vienen de la anuencia de una institución, donde se
maneja un lenguaje científico que solo manejan los miembros del claustro, lo que
ocasiona que el autodidacta sufra por su impertinencia, y c) Académico formal: es
un modelo escolástico, que basa la formación del joven investigador en un bagaje
de conocimientos teóricos y metodológicos que van de la fascinación al dogma del
nuevo discurso, mucho saber y poco hacer, cuyo resultado de formación suele ser
pretencioso pero elemental. Como resultado son maestros de la hipótesis y la
descalificación, campeones de la cita bibliográfica. Figura uno.