(con pretensiones de rebasar los muros de los centros de trabajo) de la
autovigilancia –asociada a ésta, el incremento de la responsabilidad, de la
reestructuración de las jerarquías, así como de la posibilidad de disminuir los
cuadros administrativos, entre otras-, haciendo más ilegible la dominación del
capital, como plantea Sennet
. No se aparta de esto lo señalado por Saxe-
Fernández, en una discusión sobre el peso del capital en la definición de la
agenda ambiental: “Por afirmar que la COP21 fue un fraude, Hansen fue
amonestado por Kerry, secretario de Estado de Estados Unidos que debería
saber, como aclaró Galileo hace 382 años, que las leyes de la física no son
negociables ni están a merced de las veleidades de oligarquías corruptas y
glotonas. Antes de maquillar la faz del colapso climático antropogénico (CCA) y
dado lo que está en juego, es más ético decir al público, con dato duro y palabra
clara, la realidad de las COP y la magnitud del riesgo. Para los inquisidores pesan
más los negocios del uno por ciento de Estados Unidos que según Anderson lanza
a la atmósfera ¡2 mil quinientas veces! más CO2 que el uno por ciento a nivel
global, que frenar el CCA, gran amenaza a la vida planetaria y a la civilización”
Con este último ejemplo hacemos referencia a una reflexión que nos lleva a
escenarios de discusión complejos, por ejemplo “para estar en condiciones de
Trabajo y de la educación, que se expresan concretamente en el incremento de la
subordinación laboral, la vulnerabilidad, contratos cortos, salarios de subsistencia
y tercerización.
4
Como señala Sennett, “más que abolir las reglas del pasado, el nuevo orden
implanta nuevos controles, pero estos tampoco son fáciles de comprender. El
nuevo capitalismo es, con frecuencia, un régimen de poder ilegible” (2009: 10).
5
COP21 o XXI Conferencia Internacional sobre Cambio Climático. Cf. John Saxe-
Fernández, “París: secuestro corporativo”,
La Jornada,
24 de diciembre de 2015,
p.21.