comprender e interpretar correctamente los complejos problemas de la humanidad
actual” (Antón Lolo, 2008), desde la bioética profunda. En un plano más simple,
atentar contra la mayoría de la población trabajadora es violentar a la naturaleza y
la sostenibilidad, se puede argumentar, extendiendo los argumentos de Antón
Lolo. En este nivel de discusión, desde lo prescrito, Morales plantea sobre la
empresa social y ambientalmente responsable, que es “la que se preocupa del
bienestar de quienes trabajan en ella, desde el punto de vista de salud, seguridad
e higiene, educación, remuneración justa, procesos de selección adecuado,
respeto al ambiente, reducción de impactos negativos, ahorro de energía, uso de
tecnologías limpias” (Morales, 2009: 58). Como apuntamos, está en la dimensión
de lo prescrito, del deber ser. No obstante –en el plano de lo real-, coincidimos con
Cardozo: “Los campos cubiertos por el concepto de RSE aluden poco a las
condiciones internas de trabajo en la empresa y a los asuntos ambientales, menos
aún a la calidad de vida de las familias de los trabajadores y la comunidad en
general, y nunca a su principal determinante: un nivel de salarios dignos”
(Cardozo, 2010: 52). Como ironía, vale señalar que en otra argumentación se
plantea que “Los empresarios en México aún no destacan las ventajas que les
pueda representar la Responsabilidad Social incluso en el aspecto económico”
(Morales, 2009: 69),
Lo citábamos líneas atrás, entendiendo al desarrollo sostenible como el que
“satisface las necesidades esenciales de la generación presente sin comprometer
la capacidad de satisfacer las necesidades esenciales de las generaciones
futuras”, y en su desembocadura apunta hacia la responsabilidad social