corporativa”, para lo que partimos de la premisa de la importancia de baja
intensidad en el plano social, es decir, de la disociación del daño a un
destacamento particular de los trabajadores mexicanos y de la conciencia pública
del problema. Introduciendo otro filón de la discusión, a partir del planteamiento de
Coleman, “…conforme se desarrollan las corporaciones y se divorcian tanto de
sus fundadores como de las comunidades locales, en el futuro habrá una
disponibilidad cada vez menor de estos mecanismos como medios de generar
responsabilidad corporativa”, es decir, los “mecanismos posibles por los que las
corporaciones pueden actuar de manera más o menos responsable hacia una
comunidad o grupo en particular” (Coleman, 2011: 688) –la revolución de los
managers acentuaría en esta lógica el problema-. El discurso hegemónico desde
el capital, certificado por mecanismos evaluadores producidos por las propias
instancias que son evaluada
, es la manifestación de un sistema de relación y de
los actores que participan en él (empresas certificadoras, empresas y
corporaciones, trabajadores, instancias de gobierno, como sistemas
autopoiéticos), en el sentido que planteaba Luhmann, y que busca poner de
relieve que la responsabilidad social empresarial (y/o corporativa) enfatiza la
responsabilidad de la empresa con sus trabajadores y el entorno.
El punto de origen en la empresa; la diseminación del daño
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Se trata de una tendencia internacional: “La tendencia principal en el control
social de las corporaciones ha sido el aumento de las normativas externas, como
indica el aumento exponencial de agencias normativas en los años sesenta y
setenta en los Estados Unidos. Pero resulta razonable preguntarse si existen
cambios internos alternativos en la corporación que pudieran llevar a que actuara
de forma más responsable” (Coleman, 2011: 707).