escolar como el cumplimiento deficiente, por parte de los alumnos, de objetivos
educativos socialmente aceptados y requeridos.
Sin embargo, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos
(OCDE) aborda el fracaso escolar desde una perspectiva sistémica e individual.
En el primer caso, el sistema educativo es incapaz de proporcionar una educación
de calidad para todos, desde esta posición, la reducción del fracaso escolar
implica mejorar las dimensiones de inclusión y equidad educativa. En el segundo
caso, el fracaso escolar se da cuando el estudiante no obtiene un estándar mínimo
necesario de aprendizajes, o cuando toma la decisión de desertar de la
escuela(OCDE, 2010).
Ese interés por superar el fracaso escolar persiste a través del tiempo, se debe en
gran parte a la evolución acelerada de las habilidades y capacidades que se
requieren para integrarse de manera exitosa en la sociedad y en el mercado
productivo. Contrario al abordaje tradicional, la OCDE (1998) describe al fracaso
escolar como un proceso atribuible a variables institucionales, sociales o
individuales. Distingue tres momentos clave en dicho proceso; el primero, se
presenta durante el ciclo de educación obligatoria y ocurre cuando el rendimiento
del alumno es consistentemente inferior al del promedio o cuando éste incluso
tiene que repetir el ciclo escolar; el segundo momento se manifiesta en la
deserción del alumno antes de terminar la educación obligatoria o cuando éste
termina sus estudios sin obtener el certificado correspondiente; y el tercero, se
refleja en una difícil integración a la vida productiva de los jóvenes que no poseen