destinados al Programa no pierden su carácter federal, lo que faculta a las
secretarías de Hacienda y Crédito Público y de la Función Pública a realizar
acciones de fiscalización y auditoría. Aunado a lo anterior, el autor sigue
expresando que las reglas son establecidas a nivel nacional sin la participación de
los gobiernos subnacionales y las IPES.
González M. considera que en la medida que el Programa se descentralice y se
concedan más facultades a los gobiernos estatales y a las IPES participantes es
probable que los resultados mejoren. Para lograrlo, propone que, en cada entidad
federativa, los recursos destinados a becas por los distintos actores se integren en
una sola bolsa y de ahí, optimizar los recursos. Al respecto habría que decir que
las Reglas de Operación 2013 prevén esa posibilidad al señalar que en casos de
ese tipo se podrán establecer instrumentos de coordinación para fortalecer y
ampliar la cobertura de Pronabes.
Miller (2009b, p. 8) pondera lo que llama “rasgos distintivos” del Pronabes y señala
que con la apertura de este programa “Por primera vez los recursos destinados a
la educación superior estaban del lado de la demanda”, es decir, los recursos se
destinaban a los estudiantes, no a las IES. Destaca también la corresponsabilidad
gubernamental en la aportación de recursos y la asignación de un tutor, como un
mecanismo para apoyar la permanencia en los estudios y su posterior
culminación. Dicho autor manifiesta que el Programa Nacional de Educación
(PRONAE) 2001-2006 reconoció la equidad como uno de los principales ejes de
acción y dio pauta a la creación de Pronabes“… como el principal instrumento
estratégico para avanzar en ese objetivo” (Miller, 2009b, p. 9).