resultados “…son limitados en cuanto a un verdadero logro de la equidad
educativa, que implicaría el ingreso a la educación superior sin importar el origen
social del estudiante” (Guzmán, 2011, p. 92).
En ese mismo tenor Miller (2009b), señala que a pesar de los esfuerzos
gubernamentales se mantienen estructuras académicas tradicionales, la matrícula
sigue concentrada en áreas administrativas y humanidades y no en carreras
científico tecnológicas, además que la complejidad y desigualdad organizativa y de
calidad de las IES no se logró la movilidad interinstitucional.
Para Miller la multiplicación de IES en el territorio no ha significado
necesariamente igualdad en la oportunidad de acceso a la educación universitaria.
En el año 2000, los jóvenes entre 20 y 24 años de sectores de población de
familias con medios y altos ingresos acudieron en mucho mayor proporción (45%)
que los jóvenes de familias urbanas pobres (11%) y de los pobres de zonas
rurales (3%). Las desigualdades se manifestaron también entre diferentes
regiones o entidades federativas, por ejemplo, mientras que en el Distrito Federal
se tuvo una cobertura del 33%, en Quintana Roo era del 13% (Miller, 2009b). En
ese mismo contexto, expresa Miller (2009b, p. 45) que “…el 23% de los jóvenes
matriculados en las IES públicas provienen del quintil con mejores ingresos,
mientras que menos del 1% proviene del quintil más pobre”.
Las cifras anteriores dan constancia de los enormes retos que el país debe
afrontar para lograr la equidad educativa en el nivel universitario. Equidad es
ofrecer a todos los jóvenes las mismas posibilidades de preparación sin que