De otra parte y como campo de conocimiento, la educación es una categoría
compleja por cuanto el ser humano que se hace tema de sí mismo, ha hecho de la
educación un tópico de sus propias explicaciones y comprensiones. Como lo
señala Barrio: “
Uno de los rasgos sin duda más característicos del ser humano es
la posibilidad y necesidad que tiene de hacerse tema de sí mismo”
. (1996, p.13).
O como lo señala Choza con acierto “…
el hombre necesita saber lo que es para
serlo
”. (1982, p. 15). En este sentido la dimensión epistémica de la educación
surge y se desarrolla a partir y a través de las explicaciones y comprensiones que
el individuo y la sociedad en general han producido y coleccionado, esto último en
el ámbito de las ciencias, en torno a sus prácticas educativas. Estas explicaciones
y comprensiones, surgidas al comienzo como metalecturas posteriores a la
práctica, han madurado de tal manera que se han configurado como teorías
anticipatorias con una capacidad no sólo explicativa, sino también prescriptiva y
regulativa de dichas prácticas.
Esta maduración sucesiva de las explicaciones y comprensiones sobre lo
educativo han dado origen a argumentaciones conceptuales de la realidad, en
este caso educativa; esto último dado que por vía de la teoría se logra categorizar
cognitivamente la realidad empírica. En el marco de estas argumentaciones se
han desarrollado una serie de categorías conceptuales que en su conjunto y a
partir de sus entrecruzamientos han dado origen a un tipo particular de
conocimiento científico sobre lo educativo que bien podría llamarse en una primera
aproximación nominal, como “
conocimiento de lo educativo
”.