Página 543 - EDUCACIÓN Y TRANSFORMACIÓN SOCIAL

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con algún criterio. En este sentido: «es poco congruente hablar de calidad sin
hablar de evaluación, puesto que tildar una cosa como algo que tiene calidad
exige realizar una medida, compararla con un referente ideal y elaborar un juicio
sobre la adecuación del objeto o sujeto evaluado al referente utilizado» (González,
2004).
Tomando como base esta consideración, las reflexiones en torno al concepto de
calidad de la educación no pueden limitarse a aportar definiciones o proposiciones
sobre el mismo, sino que deben incluir procedimientos para comprobar si aquello
que se entiende por calidad existe en realidad. En otras palabras, deben abarcar
la evaluación, que permite tener constancia de si los aspectos o dimensiones que
componen el concepto definido se hacen efectivamente prácticos, convirtiendo el
servicio, bien o producto al que se han aplicado en un servicio, bien o producto de
calidad. Dentro de los sistemas escolares, fue precisamente el nivel de Educación
Superior el primero en ser sometido a procesos de evaluación de la calidad. En
concreto, el origen de las evaluaciones en esta etapa se sitúa en el entorno
anglosajón, primero en Estados Unidos y posteriormente en el Reino Unido. Los
poderes públicos comenzaron a exigir rendición de cuentas a las instituciones de
enseñanza superior, de modo que éstas justificaran la inversión pública y los
gobiernos tuvieran indicadores para repartir subvenciones.
Dentro de los sistemas escolares, fue precisamente el nivel de Educación Superior
el primero en ser sometido a procesos de evaluación de la calidad. En concreto, el
origen de las evaluaciones en esta etapa se sitúa en el entorno anglosajón,
primero en Estados Unidos y posteriormente en el Reino Unido. Los poderes