experiencias previamente acumuladas. Finalmente,
participación fluida
habla de la
variabilidad tanto en el tiempo como en el esfuerzo que los involucrados invierten.
Concomitante a la variabilidad, la incertidumbre permea la toma de decisiones y
las delimitaciones formales. Las tres propiedades pueden ser encontradas en
alguna parte de cualquier tipo de actividad o unidad; y, aunque no la describirán
toda, son reconocibles en la organización universitaria.
En las investigaciones iniciales de Meyer y Rowan (1977), las escuelas como
organizaciones institucionalizadas, movilizan sus recursos para asegurar su
subsistencia adaptándose a las reglas institucionales y no siendo eficientes en el
mercado de los bienes y servicios educativos. Esta propuesta se deriva de la
concepción de la prestación de servicios educativos como una actividad
patrocinada por el estado y no de libre mercado; ante esta ausencia las escuelas
son moldeadas más por las presiones normativas, cognitivas y regulativas que por
las materiales.
Mayer consideró al sistema educativo norteamericano como un sistema flojamente
acoplado principalmente porque las estructuras formales de las escuelas se
derivaban más de su necesidad de mantener su legitimidad ante la sociedad, que
de las demandas de eficiencia de naturaleza técnica. De esta manera, la
educación era vista como un aspecto completamente controlado por el gobierno y
las profesiones eran algo más allá de las fuerzas del mercado. El cambio en estas
organizaciones era considerado casi exclusivamente como un proceso largo de
isomorfismo de entidades que se adecuaban a las normas, valores y tradiciones
institucionalizados por el Estado y las profesiones. Las organizaciones educativas