Página 648 - EDUCACIÓN Y TRANSFORMACIÓN SOCIAL

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conocimiento; sino también a la articulación de sus estructuras y su desempeño
ante las demandas del mercado; un contexto plagado por nociones como la
mercantilización de la educación, el discurso globalizador y la reconfiguración del
papel del Estado. Incluso Ibarra (2008), al considerar la diversificación y
segmentación del mercado de educación superior, cuestiona el isomorfismo
institucional, la cultura y los símbolos en la construcción del sentido de los
individuos a su realidad cotidiana.
Por otra parte, Buendía (2010) al retomar el campo de la educación desde el
nuevo institucionalismo, destaca dos supuestos. El primero es que la educación
representa una institución altamente compleja que da lugar a prácticas
contingentes y controvertidas, lo que significa que la educación es capaz de
asumir distintas formas dependiendo del trabajo colectivo de los distintos actores,
estudiantes, profesores y administradores, por lo que a través del institucionalismo
es posible comprender y explicar los acuerdos que permiten que se imponga cierta
visión de los actores en un campo organizacional,dejando atrás otras formas
posibles.
El segundo supuesto de Buendía (2010) recae en la necesidad de diferenciar
escuelas y universidades, de empresas y organizaciones dedicadas a la
producción y el comercio, ya que en las primeras es fundamental conocer que los
criterios e indicadores formales de desempeño económico centrados en la
productividad y eficiencia técnica no son explícitos en las prácticas de la
organización, sino que tiene más peso el contenido simbólico al constituirse como
mitos que posibilitan la construcción de legitimidad.