eficiencia que tienen un país o una organización de utilizar eficientemente sus
recursos humanos, económicos y gestión administrativa; la competitividad es
punto de partida, ya que es la fuente de prosperidad y desarrollo para un país o
institución (Porter, 2008).
El mismo autor sostiene que la competitividad es “la capacidad de una empresa u
organización de cualquier tipo para desarrollar y mantener unas ventajas
comparativas que le permiten disfrutar y sostener una posición destacada en el
entorno socio económico en que actúan”. Se entiende por ventaja comparativa
aquella habilidad, recurso, conocimiento, atributos, etc., de que dispone una
organización, de la que carecen sus competidores y que hace posible la obtención
de unos rendimientos superiores a éstos.
También la competitividad requiere un equipo directivo dinámico, actualizado,
abierto al cambio organizativo y tecnológico, y consciente de la necesidad de
considerar a los miembros de la organización como un recurso de primer orden al
que hay que cuidar. Sin embargo, se puede afirmar que el recurso humano es uno
de los puntos débiles de un elevado número de empresas que han desaparecido o
tienen problemas de supervivencia. Como sabemos, el equipo directivo determina
en gran medida
El IMCO define competitividad como la “habilidad de una región para atraer y
retener inversiones” (IMCO, 2006: 29), planteando la idea de que la generación de
bienestar atraviesa por la capacidad de generar inversión, principalmente la
relacionada con la aparición de empleos.