Así mismo, la competitividad involucra la innovación, definida como la
incorporación de los nuevos procesos, productos y servicios, lo que se ha
constituido en un determinante clave para la competitividad, en la búsqueda del
crecimiento de las organizaciones (Colciencias, 2008).
Una última concepción de competitividad tiene que ver con las diferencias que
existen en los procesos de administración de las organizaciones destacando la
forma en cómo se gestionan los recursos humanos de tal forma que logren la
mayor parte de sus objetivos.
En el ámbito de la educación superior en México existen muy pocos estudios
sobre competitividad, y aún no existe un índice que mida con cierta precisión la
calidad en las universidades de tal forma que las personas puedan tener una
referencia antes de ingresar a las mismas.
En México se tiende a considerar que las Instituciones de Educación Superior son
competitivas en función de variables relacionadas con el volumen (número de
alumnos, profesores, edificios, etc.) o con indicadores propuestos por la SEP o
Conacyt, como es el caso del PRODEP o el SNI, más no en función del valor que
generan.
El PIFI es un programa que busca apoyar a las Instituciones de Educación
Superior a cambio pide que estas mejoren su calidad y aumenten su
competitividad, sin embargo los indicadores que toma hacen referencia a la
evaluación que existe entre la capacidad y la competitividad académica, dejando
de lado la cultura innovadora que en el capital humano es fundamental para
aprovechar al máximo el avance tecnológico con que cuenta la institución.