problematicen mediante tres premisas: el cine foro como consecuencia del
conocimiento más allá de los encuentros dialogales de opiniones y críticas; el cine
y la educación se problematizan (puedo decir que se educa al ojo); y la
problematización del propio filme centrándose en su técnica (angulaciones,
colores, encuadres), esto es, conocimiento del lenguaje para construir un discurso.
Con el cine foro se superaría: el hablar de la película planteándola a modo de
resumen o sinopsis; el uso indiscriminado de la jerga cinematográfica; y el
intercambio de opiniones sin orientación con la ausencia de un saber de por medio
(pp. 56-59). Estos son procesos educativos propios de una asignatura en
particular que como docentes debemos considerar.
Aquí cabe reflexionar la aportación de esta autora respecto de la jerga del cine, la
cual no es sino el conjunto de las denominaciones de los códigos del cine, pero,
eso sí, tal como ella apunta, estos códigos deben entenderse, utilizarse y
explicarse para entrar en una dialógica cinematográfica, cultural y audiovisual. En
suma, se trata de un proceso bastante gradual y prácticamente de por vida. La
intención de introducir el cine en la enseñanza es, como indica Gómez Mendoza
(1998, p. 130), ofrecer a profesores y alumnos la oportunidad excepcional de
trabajar con un material conocido, al menos como vivencia relacionada al ocio y al
espectáculo, y presentarlo en su dimensión artística-cultural.
Los alumnos y el cine