plenitud con una experiencia profunda de significado y propósito. El placer se
refiere a la primera parte de la definición, la cual se refiere al presente al presente,
es decir, lo que estamos viviendo aquí y el ahora, por lo tanto esta experiencia
debe ser agradable a nuestros sentidos, debe generarnos bienestar y valor en ese
momento. (Stuve, 2015).
Actualmente, muchas organizaciones consideran la felicidad como un factor clave
en la gestión de personas. Se basan en la creencia de que un empleado feliz hace
una empresa productiva, relacionando así esta variable con los resultados del
negocio. (Pantoja, 2015).
Desde un punto con vocación universal y objetivista, diremos que la felicidad
podría entenderse como el estado cognitivo emocional de plenitud vital duradera y
consciente, en base a una evaluación subjetiva positiva del plano tanto físico y
material como social y afectivo, psicológico y espiritual de la propia existencia
(Muñiz, 2012).
Esto supone un cambio de enfoque cultural, o al menos conceptual. Hasta hace
una década, incluso menos en nuestras latitudes, un empleado más feliz no era
necesariamente un empleado más productivo. Incrementar aspectos como la
felicidad o la satisfacción no generaba incrementos en el rendimiento laboral tanto
como si, por ejemplo, impulsamos el compromiso. La tendencia actual es la de
integrar la felicidad como una dimensión del compromiso, más que descartar una
de ellas. (Pantoja, 2015).
Asimismo parte de la felicidad es encontrar la plenitud humana, una plenitud
humana que para ser tal debiera contar con todas las esferas de las que puede