La Profesionalización
Llega un momento en el desarrollo de toda empresa en que el dueño alcanza un
punto de saturación después del cual ya no puede hacer nada por sí solo. Puede
intentarlo, pero esto significa que ha dejado de hacer un uso efectivo de su tiempo,
y el tiempo de un empresario es su más valioso capital. Si pretende sostener el
crecimiento, el dueño tiene que reconocer antes su función fundamental, que es la
de establecer una “visión”, una dirección, y una organización competente y
comprometida. En segundo lugar, debe consagrar una buena parte de su tiempo
para desempeñar esa función, delegando en otros las responsabilidades más
materiales y cotidianas, en las cuales no es necesario que se comprometa. En
suma, la organización debe volverse menos centralizada y adquirir habilidades de
gestión más sofisticadas que permitan sustituir el énfasis en el control de la
coordinación. Para adaptarse a este cambio, hay que desarrollar una mayor
disciplina en el trabajo que la regía en los viejos tiempos, y planear el manejo de la
empresa.
Por lo general, el más difícil obstáculo que deben enfrentar los propietarios es
adaptar sus estilos de gerencia a los requerimientos de una empresa más grande
y más compleja. Cuando la compañía continúa creciendo, los métodos instintivos
de gestión deben ceder paso a un manejo “profesionalizado” de la empresa: un
criterio inspirado en la planificación y el control del crecimiento, a través de la
aplicación de métodos estratégicos de gestión.