La Profesionalización y la Competitividad
En la actualidad nos encontramos en un mundo globalizado y las empresas
familiares enfrentan la falta de profesionalización de su administración, la cual se
debe llevar a cabo estableciendo reglas, estructura y un modelo de organización,
que contemple el conflicto de intereses entre las prioridades y estrategias
colectivas (de la empresa) y los caprichos, deseos y celos individuales (de los
socios). Lozano (2008), menciona que la formación en valores y en habilidades de
liderazgo, debe complementarse con la formación en áreas administrativas o en
un área técnica importante, esto es, educación formal, que le de capacidades al
potencial sucesor de trabajar en la empresa familiar (Venter y Lambrecht, 2005).
Una compañía es considerada profesional cuando muestra altos niveles de
desempeño y ética. Esos niveles se alcanzan generando culturas que pongan
énfasis en el desempeño, al tiempo que se adhieren a valores fundamentales de la
compañía, aprenden en forma constante, y se esfuerzan por lograr la igualdad en
reconocimientos y recompensas. Las culturas de negocios profesionales se nutren
de los esfuerzos de sus líderes y de procesos “formales”: fijar metas y reglas
claras, valorar el desempeño y la ética de los empleados, contratar personal sobre
la base de su capacidad para contribuir, y otorgar ascensos también en función de
las contribuciones. Una compañía puede ser de propiedad de una familia, estar
administrada por la familia y ser profesional.
La profesionalización nada tiene que ver con categorías, sino con actitudes y
comportamientos personales. De hecho, es posible que los miembros de la familia