sucesorales. (Antognollí, 2007) Otras veces, las cabezas de familia buscan al
consultor para evitar que la repartición del patrimonio sea fuente de conflictos y
peleas entre herederos.
Sin embargo, lo más difícil es franquear la barrera inicial de autoprotección que
todos construimos; por ello, tenerle que recordar al exitoso empresario, al
admirado (y muchas veces adulado) triunfador, que es mortal, que tiene
debilidades, dudas y temores como cualquier otro.
Para un fundador que ha trabajado toda su vida por obtener el éxito de su
empresa, entregar el poder es un problema serio, pero aún más serio es entregar
la propiedad. Finalmente, cuando se entrega el poder y se conserva la propiedad,
se puede ejercer algo de control, pero si se entrega la propiedad ¿Quién asegura
que se velará por el bienestar del empresario, la familia y la empresa?
La aproximación moderna es ver la transición del patrimonio no como un evento
fatal e inevitable, sino más bien como un proceso renovador, que debe planearse
adecuadamente, e incluso disfrutarlo organizando la última meta de la vida de
trabajo. Una verdadera planeación sucesoral va más allá de organizar cómo se
transferirá el patrimonio a los beneficiarios. Es estructurar adecuadamente
también cómo se les entrega el poder, es decir, el bastón de mando de los
negocios. Ese es el verdadero legado para quienes nos rodean: organizar que los
negocios que se han creado con tanto esfuerzo y tantos años de desvelo, tengan
un devenir tranquilo o al menos planeado, y que haya una transición suave entre
quien hoy toma las decisiones hacia quienes deberán tomarlas en el futuro.