prácticas o respuestas ambientales en las empresas (Colwell&Joshi, 2013; Li,
2014; Zhu&Geng, 2013; Ye et al., 2013).y Zhu&Sarkis, 2007). Sin embargo, la
mayoría de los estudios realizados analizan la influencia individual de las
presiones ambientales.
En la literatura, las presiones coercitivas son interpretadas como regulaciones
ambientales (Berrone et al., 2013; Clemens & Douglas, 2006; Li, 2014; López et
al., 2010; y Sharma, 2001). Estas investigaciones coinciden en que las empresas
atienden estas presiones implementando prácticas ambientales principalmente
para evitar sanciones por incumplimiento. Se pueden identificar dos tipos de
presiones coercitivas: las de carácter obligatorio y las de carácter voluntario.
Algunos investigadores argumentan que las regulaciones obligatorias inducen en
mayor medida las prácticas ambientales, pues de no acatarlas, las empresas
ponen en peligro su permanencia en el mercado (Li, 2014); mientras que las
regulaciones voluntarias, al no estar bien instituidas, no estimulan suficientemente
a las empresas (Li, 2014; y Zhu &Geng, 2013). Sin embargo, otros autores han
encontrado resultados opuestos (López et al., 2010). En las economías en
desarrollo, donde los marcos regulatorios e institucionales en materia ambiental
continúan siendo débiles, como en el caso del contexto mexicano (Organización
para la Cooperación y el Desarrollo, 2013), y las regulaciones tradicionales
obligatorias a menudo no funcionan efectivamente (Blackman, Lahiri, Pizer,
Rivera& Muñoz,2010), la evidencia empírica señala que los programas de gestión
ambiental de carácter voluntario promueven fuertemente la implementación de
prácticas para reducir el impacto ambiental en las empresas (Dasgupta et al.,