2000; Henriques, Husted& Montiel, 2013). En el caso del sector agrícola, también
caracterizado por una escasa regulación ambiental (Galdeano-Gómez et al.,
2008), las regulaciones de carácter voluntario pueden ser las principales
promotoras de las prácticas ambientales, con miras a la obtención de una mayor
competitividad.
La demanda del mercado ha sido estudiada como una como presión normativa
que impulsa fuertemente las iniciativas ambientales en las empresas (Li, 2014).Si
las empresas no sienten presión por parte de sus clientes, ellas pueden
permanecer renuentes a implementar prácticas ambientales. Según Zhu&Geng
(2013) encontraron que, en el contexto de las economías en desarrollo, las
presiones de clientes extranjeros influyen significativamente en la implementación
de prácticas ambientales, por las propias barreras de entrada del comercio
internacional; mientras que las presiones de los clientes nacionales no tienen un
efecto significativo, pues la conciencia ambiental de los consumidores aun no es
muy fuerte, los estándares de vida son relativamente bajos y no pueden aceptar
precios más altos por productos verdes. En el sector agrícola, las presiones de
clientes internacionales pueden ser las principales promotoras de las prácticas
ambientales, dado que los mercados internacionales demandan cada vez más una
producción respetuosa con el medio ambiente (Galdeano-Gómez, Aznar-Sánchez,
& Pérez-Mesa, 2013).
En el mercado, cada vez más competitivo, las prácticas ambientales se han
convertido en una herramienta que las empresas pueden aprovechar para obtener
ventajas competitivas sobre sus competidores (Li, 2014); por ello, las empresas