problemas de agencia; participar en la propiedad de la corporación por medio de
opciones sobre acciones, para garantizar los intereses de los accionistas;
concluye que el hecho es que ninguno de estos factores tenga los efectos
previstos sobre el desempeño corporativo desvirtúa la teoría de la agencia.
De la misma forma, Clark (1985) plantea que los administradores no son agentes
de los accionistas en sus empresas, sino, más bien, son agentes de la sociedad a
quien deben responder por sus decisiones. Esta perspectiva de base jurídica quita
el foco del accionista como principal, lo que hace más fácil aplicar la teoría de la
agencia en el sector no lucrativo de la economía y en las relaciones contractuales,
propias de las organizaciones. En las organizaciones de todos los sectores
económicos, el consejo de administración tiene el poder y el deber de supervisar
la organización.
Con el mismo supuesto, Quinn& Jones (1995) examinan las implicaciones morales
de la teoría de la agencia, y concluyen que hay dos puntos de vista al respecto: el
primero es que los gerentes son agentes de los accionistas para maximizar el
valor de la empresa, que es la motivación principal de la gestión. Aquí, se emplea
el lenguaje de la ética para servir al objetivo de maximizar el valor de la empresa,
de manera que la probidad de los gerentes consiste en hacer lo que es
moralmente correcto, pero lo hacen para aumentar la riqueza de los accionistas.