mundial las expectativas de crecimiento se vuelvan muy conservadoras y en
algunos casos por debajo de lo esperado.
Un tema que es central es el que tiene que ver con la inversión en el sector rural,
toda vez que según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación
y la Agricultura (FAO) la inversión en Agricultura es una de las formas más
eficaces de promover la productividad, reducir la pobreza y mejorar la
sostenibilidad ambiental, haciendo énfasis en que esta inversión debe tener un
impacto replicador en términos de una mejora en la eficacia de la utilización de los
recursos naturales y que se reduzcan las perdidas en todas las etapas de
producción, elaboración y consumo (FAO, 2012). De acuerdo con la FAO (2012),
para el año 2030 la producción mundial de alimentos debe aumentar a más del
40% y en un 60% para el 2050, recomendando que los países se abastezcan
internamente por lo menos en un 75% de su demanda total de alimentos. Por otro
lado, el futuro en los próximos 20 años depende de que los gobiernos tomen
medidas ahora para estimular la actividad agropecuaria (BANCO MUNDIAL,
2013). A la vez, según lo explican Ortega, Leon y Ramirez (2010), el entorno
mundial anteriormente descrito tiene sus repercusiones en México, quien a lo largo
de las últimas tres décadas ha enfrentado transformaciones importantes en lo que
se refiere a la rama agroalimentaria. Respecto de esto, México enfrenta una
marcada falta de crecimiento en los niveles de producción, lo que a su vez se
refleja en otros indicadores de la economía tales como el empleo, salario real,
inversión, ahorro, etc., en los diferentes sectores de la económica, siendo en el
sector agropecuario donde más se ha acentuado este fenómeno. Lo anterior