oposición responde a las ciencias sobre las que se fundó el capitalismo industrial y
que influyeron profundamente en su ética, así como en la manera en cómo
explicaron y construyeron la realidad, puesto que trataban de crear un orden
estableciendo leyes universales de carácter matemático, las cuales se construían
por la experimentación y la reproductibilidad de los datos experimentales. Las
leyes describían una realidad vertical y única (Nicolescu, 1996). Detengámonos un
momento en este punto, puesto que es crucial para nuestra posterior
argumentación.
Los tres axiomas básicos del pensamiento científico clásico son: i) el axioma de
identidad: A es A; ii) el axioma de no contradicción: A no es no-A; iii) el axioma del
tercero excluido: no existe un tercer término T (T de “tercero incluido”) que es a la
vez A y no-A (Nicolescu, 1996). Como consecuencia del segundo y tercer
axiomas, se generó una lógica binaria no solo en los científicos de las ciencias
“duras” (exactas) y “suaves” (humanidades), sino en los capitalistas industriales,
cuya perspectiva era: algo es o no es, pero no puede ser ambos al mismo tiempo,
y como consecuencia plantearon que el trabajo y el juego eran diferentes, ninguno
incluía al otro. Pero si salimos de esa lógica binaria, entonces trabajo y juego,
organización y juego, pueden tener una existencia dual: la oposición no sólo se
supera sino que incluso resulta inexistente.
Ahora bien, pensar por fuera de la lógica binaria en la que A (organización) no
puede ser no-A (juego) pasa por conceptualizar diferentes niveles de realidad y
construir los conceptos que den cuenta de ello. En esta tesitura se inscribe nuestra
propuesta conceptual del capital lúdico. Antes de exponer nuestras ideas al