Se llama transmodernidad porque recupera el conocimiento previo a la
modernidad y que ésta se encargó de negar y descalificar, aislando o marginando
campos vastos de comprensión imponiendo una verdad eurocéntrica. Recorre
entonces una ruta que sin negar los avances modernos o sin mostrarse pesimista,
intenta reivindicar la cosmovisión y la enseñanza de civilizaciones distintas a las
modernas que durante mucho tiempo quedaron en la periferia. Hoy la
transmodernidad redescubre esos hilos conductores y trabaja por hilvanarlos sin el
obligatorio paso por el centro (Jiménez Bandala, 2015).
Para los Estudios Organizacionales, entendemos a la transmodernidad como un
rescate del campo disciplinar que ponga de relieve al hombre por sobre su
constructo, que le reconozca como algo más que un ser de racionalidad
instrumental, que incluya sus dimensiones espirituales, etéreas, causales y
astrales no como un problema organizacional sino como una dimensión más a
comprender. Implica también la apertura a nuevas metodologías, que proponen
nuevas formas de acercarse e interactuar entre sujeto y objeto y entre sujeto y
sujeto que van más allá de la dicotomía cualitativa-cuantitativa que ha dominado el
debate de los últimos años en el campo disciplinar. Por último, son la oportunidad
académica desde nuestros horizontes periféricos para acabar con el colonialismo
teórico ejercido desde los países centro, no sobreponernos a ellas, sino plantear
nuevas formas de convivencia y complementariedad.
Cooperación del trabajo y trabajo cooperativo
Desde la comunidad primitiva y hasta el momento actual del capitalismo, pasando
por el esclavismo y el feudalismo, se han establecido formas de coordinar los