esfuerzos en las actividades necesarias para la reproducción natural del hombre
como especie y la reproducción social como ser humano; la caza, la pesca, la
recolección, más tarde, la agricultura y la ganadería, la gran industria, el desarrollo
de instituciones modernas como las educativas, las médicas, las policiacas, las
militares o las religiosas son sólo algunos ejemplos.
Existe pues, en términos de especie, una tendencia natural a la cooperación más
que a la competencia, pero, ¿por qué -independientemente del modo de
producción- el hombre recurre a la cooperación
<<concours de forces>>
? La
respuesta la expone Marx en
El Capital
de manera brillante: “supóngase tres
casos de producción, en el primero, doce obreros reunidos con una jornada de
trabajo de doce horas, es decir un trabajo simultáneo de 144 horas; en el segundo,
los mismos doce obreros trabajando aisladamente por las mismas doce horas
cada uno; para el tercer caso, un solo obrero que trabaje doce horas durante doce
días. En los tres casos hablamos de masas de trabajo de 144 horas, sin embargo
el producto total del primer caso siempre será superior a los otros dos” (Marx,
2008). Es decir, asociadas las fuerzas dan una fuerza total mayor a la suma de
todas las fuerzas parciales. ¿Por qué? a) La cooperación implica llegar a la
conclusión de un proceso de trabajo de forma más rápida, se acorta entonces el
tiempo de trabajo necesario; b) se extiende el radio de acción del trabajo; c) se
reduce el campo geográfico de la producción; d) se aumenta la potencia mecánica
del trabajo; e) permite ejecutar diversas operaciones simultáneamente; f) se
economizan los medios de producción al emplearlos colectivamente; g) se
aprovechan momentos críticos donde se requiere gran cantidad de trabajo en un