Página 148 - 1. VIDA SIMBOLICA

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como decía Huizinga, sino que hay un alejamiento de la misma, una ficción en
términos de Caillois, o bien una distancia, para Henriot. Se trata desde luego de
una distancia interior, no de un alejamiento físico: “sólo la distancia establecida por
el jugador entre lo que hace y el hecho de hacerlo por juego, este planteamiento y
el control de sí permite caracterizar de manera estrictamente subjetiva la conducta
que calificamos como lúdica” (Henriot, 1969: 256). Esta idea nos conduce a
afirmar que el sentido o la intención importa más que la estructura, por lo que no
existe la separación “juego-no juego”: lo que para una persona no es juego, para
otra quizás sí lo sea, o lo que hoy no se concibe como juego, mañana puede serlo.
Ahora bien, en términos de la teoría de Henriot, que la idea preceda a la estructura
no significa que ésta no sea relevante, al punto incluso de modular la subjetividad
del jugador. Como lo hemos mencionado, el análisis debe centrarse en el
movimiento subjetivo del que juega dentro de estructuras objetivas de juego, en
otras palabras, en el movimiento del imaginario: “Le jeu, c'est de l'imaginaire en
acte” (Henriot, 1989: 156, citado en Bonenfant, 2013:3). El juego es el imaginario
en acto: no es subjetivo ni objetivo, sino integra una tercera realidad:
…la tercera parte de la vida de un ser humano, una parte de la
cual no podemos hacer caso omiso, es una zona intermedia de
experiencia
a la cual contribuyen la realidad interior y la realidad
exterior. Se trata de una zona que no es objeto de desafío alguno,
porque no se le presentan exigencias, salvo la que exista como lugar de
descanso para un individuo dedicado a la perpetua tarea humana de