las cuatro dimensiones se ubica el juego y sus rasgos (en el esquema solamente
establecemos la construcción de una “realidad aparte” mediante la ficción a efecto
de establecer distancia con respecto a la “vida corriente”). El juego, en tanto
realidad que no es subjetiva ni objetiva sino que integra una “tercera zona” está
atravesando las diferentes dimensiones. Las desiguales puntas de la figura que
representa al juego simbolizan que está en continuo y caótico movimiento
oscilando de los jugadores a las estructuras, de la libertad a las reglas.
De la combinación de estas dimensiones tenemos las siguientes posibilidades:
i)
Subjetivo-libertad: tendencia a la autonomía de los jugadores. La libertad
posibilita al jugador a “enloquecer”, a profundizar en su psique gracias al
movimiento del imaginario en tanto motor.
ii) Subjetivo-reglamentado: tendencia a la heteronomía de los jugadores. El
apego a las reglas limita la posibilidad transformadora del juego, pero puede
ser estimulante para los jugadores que conocen y respetan bien las
convenciones.
iii) Objetivo-libertad: estructuras que favorecen el juego que tiende a la
creatividad y la innovación en los sistemas sociales y en las organizaciones.
iv) Objetivo-reglamentado: estructuras que favorecen el juego que tiende a la
entropía, es decir, a la reducción de las tensiones en los sistemas sociales y
en las organizaciones.
Por cuanto al concepto de imaginario social se refiere, es imprescindible recuperar
el poderoso pensamiento de Castoriadis: