la tercera sección de este documento se establecieron algunas pautas de análisis
de la organización del juego, a partir de la reflexión sobre las ideas de clásicos en
el tema como Huizinga, Caillois y Henriot. Esta somera revisión dio pie a la última
parte de este texto en la que presentamos nuestra propuesta conceptual: la noción
de capital lúdico.
El tema reviste la mayor importancia porque nos emplaza en la construcción de
conceptos que permitan articular procesos de diferentes registros, en particular,
entre la psiqué y la economía. Pensamos que una de las formas en que la energía
psíquica se transforma en utilidades para las empresas es justamente el juego;
también pensamos que los procesos de reproducción social y económica se
convierten en elementos constitutivos de la identidad del sujeto precisamente a
través de un conjunto de actividades lúdicas sociales. En otras palabras: el
movimiento del imaginario ocurre en gran medida a través del juego.
La noción de capital lúdico es sin duda alguna aventurada y no excenta de
polémica. Para decirlo juguetonamente, nos hemos situado entre dos fuegos: por
una parte, para los economistas, contadores, administradores y apolegetas del
orden y la productividad, el capital lúdico es cuando mucho, una mala broma.
Como nos dijo alguna vez un colega: “si no se puede medir, no es capital”. Por
otra parte, para los sociólogos, antropólogos, artistas y apologetas del barullo y la
creatividad, el capital lúdico es una canallada que pretende convertir el juego en
utilidades para los empresarios. Ambos puntos de vista tienen razón. Y ambos
puntos de vista no tienen razón. El problema quizás no estribe en tener o no