denominada
motivación
(motivus =causa de una acción) y han corrido ríos de
tintas, algunos estériles por lo infructuoso que ha resultado lo vacío de la
propuesta teórica, sobre todo porque debido al
mainstream
anglosajon positivista y
funcionalista se supone a la motivación como una cosa que se puede gestionar,
incluso, se han creado modelos predictivos de la conducta humana que poco
explican al ser humano en sí mismo limitándolo a una parte funcional de la
empresa.
Desde esa posición epistemológica retomamos la noción de emulación y
excitación de los espíritus vitales para comprender esa fuerza extraordinaria que
exalta la capacidad de cada trabajador y que se presenta en la cooperación del
trabajo. Entendemos por emulación la imitación o superación de acciones ajenas;
la excitación es el provocar o estimular un sentimiento o pasión.
Descartes hace alocución a la excitación de espíritus vitales para referirse al
proceso que va a facilitar los movimientos corpóreos que sirven para la obtención
de las cosas que el hombre desea porque le son útiles y le hacen persistir en ese
deseo y lo que va a disponer al alma a esos deseos son las emociones
(Descartes, 2005). Los espíritus vitales van a ser fuerzas mecánicas que obran en
el cuerpo, son reguladas por la glándula pineal, que es donde, según Descartes,
reside el alma, ahí mismo en esa glándula se encuentran las emociones.
Para Descartes (2005) existen dos emociones principales, la tristeza y la alegría a
partir de las cuales se incita al alma. La tristeza es manifiesta cuando están
presentes las cosas que dañan el cuerpo, el sobretrabajo por ejemplo, el ser
humano siente odio y desea liberarse de ello, la alegría es manifiesta cuando