Página 25 - PODER Y CONFLICTO

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Antes de acercarnos al problema de salud que implica el trabajo en las minas, en
una breve mirada desde lo histórico, nos parece pertinente hacer algunas
anotaciones sobre el proceso de trabajo y el proceso de valorización, es decir, la
edificación de una relación social que produce explotación y dominación al mismo
tiempo, de la que deviene el plusvalor. Nos apoyamos en la elaboración de Marx,
en la que se destaca que es en el proceso de trabajo donde el capitalista consume
la fuerza de trabajo, lo que trasluce el control del capital sobre el trabajador, para
que se realice la tarea de acuerdo a fines asignados (la saga del esfuerzo
posterior de Taylor-Fayol-Mayo, entre otros, corresponde a esta tarea histórica)
No basta con el control temporal ni espacial del trabajador, (el cronómetro y el
taller de Coriat), sino el propio control de la actividad, lo que es antecedido por el
control del hombre, como fuerza de trabajo, en sus usos –el uso capitalista de la
maquinaria, en Panzieri, el uso capitalista de la fuerza de trabajo, en Marx-, en la
incorporación de la actividad laboral misma, lo que significa que el proceso de
trabajo y el proceso de valorización se dan al mismo tiempo, como expresión del
proceso de producción capitalista.
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Parte de esta discusión se aprecia en la reflexión de Foucault: “Una ‘anatomía
política’, que es igualmente una ‘mecánica del poder’, está naciendo; define como
se puede hacer presa en el cuerpo de los demás, no simplemente para que ellos
hagan lo que se desea, sino para que operen como se quiere, con las técnicas,
según la rapidez y la eficacia que se determina. La disciplina fabrica así cuerpos
sometidos y ejercitados, cuerpos dóciles” (Foucault, 1980: 141-142). El sujeto es
“sujetado”, pues la disciplina constituye una relación de sujeción estricta, al mismo
tiempo que es una “anatomía política del detalle” (Foucault, 1980: 143). “Hasta el
más mínimo detalle del trabajo del hombre fue especificado”, señala D. Bell
refiriéndose a Taylor sobre Schmidt (en Braverman, 1987: 131). Por ello,
atinadamente Braverman señala: “La transformación de la humanidad trabajadora
en ‘fuerza de trabajo’, en un ‘factor de producción’, en un instrumento del capital,
es un proceso incesante y sin fin” (Braverman, 1987: 168).