mercado. En una visión temprana de la teoría institucional el cambio era visto
exclusivamente como un proceso de isomorfismo de formas educativas las cuales
eran congruentes con normas y valores institucionalizados por el estado (Rowan,
2006).
No obstante, la aparición de proveedores privados ha transformado esa
concepción de las instituciones educativas. Su amplitud y diversidad
dan lugar a
que se tengan más alternativas a quien tenga los recursos económicos para
adquirir servicios educativos privados. Mientras muchas instituciones de educación
superior funcionan con recursos gubernamentales, otras surgen a través de
particulares ofreciendo un servicio educativo con orientación al mercado. La
imagen que se tienen de las organizaciones privadas es la de un sector en
expansión y con una calidad cuestionable, donde quedan exentas las instituciones
que han creado prestigio con colegiaturas altas y que son proclives a una buena
reputación por los servicios que producen (Álvarez, 2011).
En pocas palabras, a partir de la expansión de instituciones de educación superior
privadas, se ha difundido la imagen de la educación superior como un gran
negocio que genera riqueza. Prevalece la difusión de un discurso mercantilista
3
Recuérdese el trabajo de Levy (1986) en el que clasifica a las organizaciones
educativas privadas de acuerdo a distintas olas que representan el surgimiento.
Las primeras, organizaciones privadas de élite, que surgen ante la necesidad de
distinción y estatus de las clases dominantes en el país, cuando las instituciones
públicas dejan de ser un diferenciador de clase, los potentados definen su propio
sector educativo. Las segundas, organizaciones religiosas, que erigen
universidades con la finalidad de esparcir sus fundamentos y valores. Finalmente
las instituciones de absorción de demanda, las cuales acaparan un nicho en el que
acaparan a quienes no son partícipes de las instituciones de educación superior
pero no tienen los recursos económicos para adherirse a cualquiera de las dos
categorías previas.